Sucede poco a poco.
Luego, un día, casi sin darnos cuenta, nos detenemos y nos hacemos una pregunta:
¿Cuándo fue la última vez que vimos las nubes cambiar de forma?
¿En qué momento contamos las estrellas, tumbados en una playa o sobre la hierba, con
el alma puesta en el cielo?
¿En qué tiempo creímos que un abrazo podía arreglarlo todo?
En algún momento dejamos de mirar el mundo con los ojos de aquel niño que fuimos.
Sin embargo, aquel niño sigue allí, esperándonos.
Y si, aunque solo fuera por un momento, volviéramos a mirar el mundo con sus ojos
¿qué aspecto tendría?
Y nosotros…
¿qué veríamos en el espejo?
Me gusta pensar que estas páginas también se han escrito para aquel niño.
Por eso quiero pediros una sola cosa.
Mientras leéis, dejad de lado por un momento todo lo que sabéis.
Olvidad incluso quién creéis que sois.
Convertíos en Ciccio.
Y si, al leer este libro, os sorprendéis sonriendo…
Si sentís una imperceptible vibración en el interior…
si regresa un recuerdo…
Entonces leédselo a vuestros hijos, a vuestros nietos, a quienes amáis.
Leédselo a alguien con quien deseéis compartir una emoción.
Porque las historias más hermosas empiezan cuando un libro se cierra.